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A ORILLAS DEL NALÓN |
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SORPRESAS |
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Colás era otra vida, otro
mundo que, aún pasados los años, sorprendería como paradigma de toda una
época donde sólo unos pocos no se conformaban con lo que les ofrecían. Su
lejana
imagen, turbulenta, singular y lúcida, sigue tomando posesión de un largo espacio en
la historia de su pueblo.
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OLVIDADOS |
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Un
valle inmenso acuna a la villa de Grado con la suavidad de un paisaje que
se alimenta de bellezas y sombras. Y la belleza del paisaje adquiere en
Grado un rostro muy humano. Aunque la gente es muy sabedora de que aquí
también se dan excepciones.
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MOMENTOS |
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La mujer más piadosa de la
parroquia llega al atrio de la iglesia, encuentra al niño que lleva allí
horas sentado y esperando a que ¡Qué sencilla expectación entre la tristeza de la colina y el humo hambriento del tren! Cuando el vacío se adueña de lo real, la sinrazón se instala en el corazón.
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BODAS DE HAMBRE |
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El niño tenía más
motivos que nadie para apreciar a su primo. Pronto se había enterado de
todo. Le había resultado imposible aprender de memoria la
primera línea de los ferrocarriles españoles (“ De Madrid a Irán por
Villalba, El Escorial, Ávila…”).Y la maestra le había pegado en las
piernas. Al día siguiente, su primo le ofreció su abrigo que a él, sin
embargo, le
arrastraba. Pero se lo agradeció, aunque la maestra, que no era tan buena como su
primo, se lo mandó quitar y le volvió a pegar donde más le dolía. Había sido un gesto
más, fallido pero
maravilloso, de la persona más buena de pueblo. Desde allí todo lo contemplaba. Lo que deseaba saber, y lo que no podía hacérselo saber a nadie. Bien sabía que Dios no nos envía las cosas, las cosas sucedían. Pero el canto de aquel cercano malvís que le acompañaba era tan desfallecidamente triste como para tener que resignarse y compartir su desdicha. Sin duda también el malvís confundía el amor con el hambre. ¿Qué le estaría pasando a aquel malvís? Y la música venida de lo lejos fue enmudeciendo. No debería exagerar su soledad, pues, como observaba en su triste compañero , casi todo en la vida se comparte.
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EXISTE EL DIABLO |
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Balbina estaba sentada en el
ya deformado y viejo poyo. El niño decidió quedarme un momento con ella. Era una
anciana que creía en los diablos y que éstos andaban muy sueltos.. Una
noche, le dijo, le habían sacado las patatas que por la tarde había
sembrado. Otra noche le habían asaltado por haberse atrevido a ir a la
fuente a horas intempestivas. Aunque ahora, en tiempos normales, sólo se
atrevían a hacer la guerra a unos pocos. Hacía poco tiempo, sin embargo, le
habían llevado la vajilla, algo vieja pero de mucha estima. Al día siguiente, el niño se sintió perdido en una aventura sin guía, arrastrado por una especie de violencia interior que iba en aumento. Le zumbaba la cabeza al pensar que Balbina pudiera haber muerto de disgusto. Y, además, su tía estaba convencida de que Balbina había sido la que había robado las berzas. Desde entonces estuvo convencido de que en aquel pueblo no sólo existen diablos, sino también un infierno, frío lugar donde yacen los restos calcinados del desamor.
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NI YO MISMO ME ENTENDÍ |
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Hoy he pasado la tarde entera en el parque con mi amigo Antón. Nunca había visto el parque tan triste.Aunque sabía que mi amigo venía desde hacía unos meses dándole vueltas y más vueltas a su cabeza. Tras la muerte de su padre habíamos tenido poco tiempo para charlar amistosamente. Y lo que más me preocupaba era el verlo sin ninguna de las sonrisas de antes. Lo conozco muy bien. En realidad, lo único que le viene preocupando ahora es poder convencerse de que efectivamente Dios actúa, y, aunque no lo haga muy soberanamente, al menos no sea indiferente a la desdichas de cada ser humano. Pero para su mal, entre ese "totalmente Otro" y, sin embargo, "intimior intimo meo", toda su posible concordia era sorprendida por la desbandada de todos sus argumentos. Yo no soy tan buen cristiano y estoy seguro de muy pocas cosas. Pero hoy, en cambio, persuadido de que él en su espejo interior me veía irreconocible, en un movimiento reflejo, le dije: ¿Cómo me preguntas eso a mí? Me resulta muy extraño. No quisiera ahora tener que recordarte ciertas cosas. Sin embargo, tu padre llegó de tan lejos a casa, bien lo sabes, cuando no lo esperabas, el atardecer de aquella noche en que esos dos bichos iban a por ti.El susto que se llevó él te salvó a ti.¿ Es así, o no? A la mañana lo tuviste que ingresar ya moribundo en el hospital. ¿ Y me haces tú aún estas preguntas? Estuve una media hora más con él. Ni él ni yo hablamos más. Tal vez ya no me haga más preguntas. La verdad es que ni yo mismo me entendí.
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SORPRENDIDA CONCHA DE ARTEDO |
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Las aguas de La Concha de
Artedo ya no representaban en aquella tarde plomiza ningún sentimiento
con facilidad identificable, y ni siquiera La madre y los otro cuatro jóvenes se fueron difuminando hacia la izquierda de la playa, mientras la tristeza hacía miles de comentarios de piedra. Pero la hija con su joven pareja, sin tiempo a perder en otra cosa, se pusieron a hacer el amor sobre aquella mesa de piedra que La Concha de Artedo les ofreció con aparente frialdad a su derecha. A veces los humanos nos hacemos más incomprensibles que la misma realidad. Al menos eso parecía comentar la mar, pero como sin tener tiempo para pensárselo mucho. Pues las olas se superpusieron y volvieron su cabeza prefiriendo seguir soñando con aquel desconocido violonchelo que les venía a distraer aquella tarde con una tan lenta música de Mahler.
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LA ENVIDIA Y EL HAMBRE |
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El niño acababa de cumplir
los cinco años. Pasado mucho tiempo, no podría ahora olvidar aquel momento como
se olvidan muchas cosas más. Lo que sí recuerda ahora nuestro adulto, después de tantos años, es que aquellas cajas de galletas se habían marchado de allí en un abrir y cerrar de ojos; así como el gesto de doña Sagrario recogiendo a la niña para llamar a su madre y mirándole a la vez como si él quisiese empezar a lloriquear. Esta pequeña tienda sigue teniendo para él tanta ternura como tristeza.
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INESPERADA UNCIÓN |
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Hay días en los que uno no puede soportar la verdad respecto a su conducta. O eso era al menos lo que pensaba el sacerdote cuando llegó aquella desconocida mujer a llamarle con tanta urgencia. Con rapidez salió tras ella para atender a la persona que se estaba muriendo. Por las señas que le daba la mujer, deducía que se trataba de aquella anciana, un cadáver en vida, que un señor paseaba tristemente todas las tardes. La gente creía que era su hijo, pero él bien sabía que no era así. Al llegar a la casa, la mujer se quedó a la puerta. Y el sacerdote, al verlo todo abierto, se atrevió a entrar en aquel oscuro sótano. Confuso, pensó que el hombre tal vez no hubiera llegado, o se hubiera ido a la farmacia más próxima. La suciedad lamía las paredes y el mal olor lo escupía todo. En un abrir y cerrar de ojos, vio lo que nunca hubiera esperado. El hombre estaba acostado con la moribunda. El sacerdote dio media vuelta y en silencio salió a toda prisa.
La mujer que estaba a la
puerta esperándole rompió el silencio: "¿ Por qué se lo toma así?", le
preguntó. "¡Si no hubiera venido!". Pero la mujer insistió: " No sea
usted cobarde. Nadie está fuera del alcance de Dios. No sacrifiquemos la
grandeza de esta tristeza. Tal vez sea este triste y sacrificado amor la
más admirable extrema unción que haya visto."
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COMUNICACIÓN AUTÉNTICA |
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Ni el joven médico, ni el
sacerdote casi misacantano, tan desorientados aún en sus primeros
cargos, se entendían ni lograban poder tener una conversación
-¿Cómo se llama
usted?, señalando al médico. Los dos pudieron observar cómo las palabras de la anciana, en aquel instante , dejaron pasar por las rendijas del ventanuco unos rayos del sol que tan tarde aquel día iba saliendo. Se despidieron amablemente de la enferma. A la vuelta, sin duda, los dos ya veían muy claro que la comunicación, como la sabiduría, era un don de la gente sencilla.
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ASQUEROSO MOMENTO |
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El niño había cuidado, durante toda aquella larguísima mañana, las cuatro vacas de sus vecinos más próximos. Cuando, por fin, vio el cielo abierto: el ama de la casa se acercaba para recoger las vacas y llevarlas, después de darles de beber, a la cuadra. Al niño le parecían incontables las horas que había estado al cuidado de aquellas vacas y,realmente ,ya tenía muchas ganas de comer. Pero la señora, ya a la puerta de la casa, quitó de la boca al chiquitín de la familia el trozo de pan que ya tenía medio comido y untado con sus mocos, e intentó ofrecérselo al pequeño cuidador de las vacas. El niño dudó un instante. La mujer pareció mirarle como algo extraño. Pero él pronto los dejó y echó a correr como un rayo. Más pronto tuvo que pararse pues las lágrimas compulsivas lo frenaron. No lloraba ni por el trozo de pan que le hubiera gustado comer, ni por el asco que le produjeron los mocos de aquel otro niño más pequeño. Lloraba porque le habían hecho desnudar en un momento tan asqueroso aquellos sus titubeantes sentimientos Pero no se lo diría a nadie: si se lo quisiera explicar a alguien, lo deformaría todo sin duda alguna.
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EL LEGIONARIO |
| A mi primo no le volví a creer nada desde entonces. Pero nada de nada.¿ Cómo podía yo creerle aquella mentira que se fabricaba de El Legionario ? He de decir que yo no entendía por entonces que la palabra "legionario" se pudiera referir a otra cosa sino al ojo de cristal que ocultaban aquellas gafas tan oscuras en la sombra alargada y misteriosa de aquel hombre. Más parecía un fantasma que un hombre real En el pueblo nadie se creía las aventuras que se comentaban de él. Y tampoco yo.
Pero a mi primo no le dije
nada. Le seguí hasta la taberna del pueblo. Él se acercó y se quedó mirando
por la ventana. Iluminado tal vez por la luz que reflejaban los
cristales, empezó a sonreír. Dirigí mi mirada hacia donde lo había hecho mi primo. Pronto clavé la vista en El Legionario que echaba la partida con unos vecinos del pueblo. Y, entre colillas, cartas y vasos de vino, observé algo insólito. En un instante tuve una experiencia extraordinaria. Mientras El Legionario se irritaba y más fumaba a la vez, parecía que el humo le estaba saliendo por el ojo de cristal. Me quedé viendo visiones. Pero, evidentemente, aquello no era real. Y rápidamente dejé la ventana. De ninguna de las maneras mi primo podría hacerme creer todo aquello. El mismo Legionario lo negaría. He de decir, por otra parte, que por entonces entendía que las mentiras sólo las veían los que querían. Aunque, dada la seguridad de mi primo, yo terminaba dudando: ¿existiría alguna verdad en las mentiras?
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DIONISIO |
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No
No sabría
ahora decir cuál de los dos, si Dionisio o Visita, me había dicho que nunca
se habían besado en público. Llevaban unos
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SORPRESA MAYÚSCULA |
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Julián no pasaba por entonces de los catorce años. Había ido a Gijón a pasar unos días en casa de sus tíos. Sin embargo, las mañanas y las tardes las pasaba junto al mar. Y aquella contemplación parecía ser para él la aventura más apropiada y más apreciada para sus sueños más extraordinarios. Hasta que una tarde se encontró con lo que debería destruir enseguida. La vecina iba del brazo del cura de su pueblo. Y, en aquel mismo instante, todos los sobresaltados sonidos de la mar vinieron a por él. Y hasta la silueta de una enorme ola rompió de repente con la extraña amenaza de hacerle invisible.
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LA MÁS POBRE |
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Una tarde, cuando aún era un niño, me acerqué a su casa casi en ruinas. Y lo hice pensando, como había oído decir a mi abuelo, que la vida verdadera estaba sin duda alguna en los márgenes. Allí todo era miseria. Nadie en el pueblo había visto entrar a nadie en aquella casucha, excepto a Balbina,la otra pobre de solemnidad y su vecina más próxima. Nadie solía hablar del pasado ni de la una ni de la otra. Enriqueta, que así se llamaba la tan pobre anciana, vivía rodeada del silencio más prolongado. No me contó nada aquella tarde. Pero sí me quedé pensando que tal vez la solemnidad de aquella pobreza estaba en aquel incomprensible silencio. Hasta que, días más tarde, Balbina se me acercó y me dijo: " Déjala. Pues para poder contar su vida con cierto sentido, tendría antes que ser vida humana."
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CHANO |
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El tiempo de la vida, como el tiempo del mundo, puede ser la historia de nuestros sueños. Pues, sin duda alguna, la húmeda niebla de Asturias, como el desolado paisaje estepario que hoy ha dejado atrás, muy bien podían representar todo lo que él había vivido durante estos últimos años. La muerte de su amigo, entre tristes circunstancias o inexplicables coincidencias, había venido a cambiar súbitamente todo. Aunque, esta mañana, en el aniversario de su muerte, no se lo había pensado mucho. Por ello, en este primer viaje suyo al Eresma no se trata de un viaje hacia la nada, ni una búsqueda de luz sobre los escollos entre los que navega. Pero al llegar a las orillas del río en el que se había ahogado, inesperadamente el cielo se despeja y el río parece que le despierta de un profundo sueño. Desapasionadamente le invita a mirar el correr azul de sus aguas. Y se detiene para aconsejarle la calma suficiente. Tal vez la realidad nos cambia, piensa. O tal vez tenía razón Adorno cuando decía que el sufrimiento era condición de toda verdad.
Mientras el sol de la
siesta , dejándolo todo como nuevo, enciende sobre las
aguas del río un pensamiento. Esto le sorprende mucho.
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EL GATO DE INÉS |
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El mundo de Inés había sido
siempre el mismo,según decía la gente. Pasaba la vida entera en aquella
casa, por llamarla así, entre Una tarde de domingo llegaron dos desconocidos y entraron en la casa muy seguros tan pronto como Inés no se atrevió a decirles lo que pensaba. Pero ,tan pronto como cruzaron el umbral de la puerta,el gato saltó de entre sus brazos para esconderse u observar las cosas desde algún otro rincón. Los dos visitantes eran miembros de una conocida secta. Y pronto comenzaron a hablarle de la Sagrada Escritura. La verdad es que Inés ,según dijo ella misma más tarde, no puso gran interés en las frases bíblicas. pero sin duda sí ponía fijos sus ojos en aquel pequeño cuenco en el que aún quedaba algo de leche para el gato. Aunque ,eso sí,sin perder en ningún momento esa su armonía de siempre consigo misma y con su pobreza. Y el gato, ya cansado de tanta cita y que parecía haber estado escuchándolo todo, se lanzó a los brazos de la anciana, acurrucó la cabeza en su regazo, como no necesitando otra forma de vida, sino tan sólo su amparo más aleccionador.
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MOMENTO DE PAZ |
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Son curiosas esas tardes que pasan sin ningún interés, en las que uno no necesita cumplir con nadie ni con nada, en las que la gente tampoco se aferra a esos momentos que parecen haberse vivido en otro tiempo o en otro lugar. Puede parecer muy lógico pensar ,sobre todo a los que le conocían, que en una tarde así Chano le diera toda la razón a Katherine Mansfield: " Al final, lo único que merece la pena poseer es la verdad". Él, recordando estas palabras de Mansfield, había ido para la cama la noche anterior muy agotado, sin antes cenar o leer algo como solía. Ahora, al atardecer y en el pequeño jardín, recordaba el sueño que había tenido. Y volvía a darle toda la razón a Mansfield: no había paz de siempre, sino momentos de paz. En el sueño tenido había mandado a dormir a todas sus preocupaciones y roles, y, pronto, vio cómo sólo le importaba la experiencia y no la palabras, la gente y no la ideologías. Aquel sueño le había acercado a sí mismo. "Con sólo el amor podrás empezar a ver de nuevo y volver a reconocer la belleza del mundo". Respiraba con hondura. Y el libro de K. Mansfield, igual que la paz del atardecer, descansaba sobre la hierba, casi invisible en la transparencia de un sol apacible y único.
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LA FIESTA DEL PUEBLO |
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El pueblo vecino llevaba ya varios años sin fiesta. Pero ese año parecía que todo el mundo reclamaba su fiesta sacramental. Conforme se iba acercando el mes de julio, en todos los rincones no se hablaba de otra cosa. No podían seguir así las cosas, ni seguir siendo el pueblo más tercermundista de toda la redonda. Se enteró hasta el alcalde que, cansado de tanto ronroneo y sudando más que nunca, convocó una asamblea inmediata con un único asunto a tratar. En dicha asamblea, entre tanto guirigay, el alcalde terminó nombrando a todos los asistentes miembros de la Comisión de Festejos. - Aquí ya está todo aclarado.-dijo un mozalbete de unos dos metros de estatura-Quien siempre miente, nunca nos engaña. -Oiga, jovenzuelo-dijo el alcalde,limpiando su sudor con la boína y mirándolo con furia-¿Queréis tener la fiesta en paz? Chaval, y aprende que no hay palabra mal dicha, si no fuera mal interpretada. Y no se habló ya más. Salieron todos más enfadados que habían entrado. Sólo el más tonto del pueblo que los esperaba fuera se atrevió a preguntar: -¿Habrá ,por fin, fiesta este año?
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SERENO DESPERTAR |
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Aquella noche me fui para la cama realmente cansado. Había abandonado por la tarde muchas cosas al desorden, cosa que no era habitual, ni mucho menos, en mí. Pero había pasado un día totalmente en blanco, sin preocuparme por nada. Ahora, por otra parte, la noche cálida de otoño no invitaba a otra cosa, sino a una inercia total. Creo que me dormí pronto. Y no sé en qué momento de sueño, tuve la sensación de que mi cabeza abandonaba el cuerpo, como si en un instante me viera muerto. No tuve tiempo para preocuparme por lo que dejaba sin hacer. Tampoco sentí alguna otra cosa ni me sentí desasosegado en absoluto. Sí que sin pensármelo ,le dije a mi madre: - Mamá, también yo ya estoy muerto. -Pero, hijo, abre los ojos. Al despertarme así de golpe, percibí que había perdido mi viejo miedo al morir,y que desde entonces hablaría de la muerte con la mayor serenidad. Aunque, por otra parte, considero que si aquel sueño hubiese sido real, aquella noche me hubiera quitado ese peso de encima con la mayor serenidad.
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MIÉRCOLES DE CENIZA |
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Esa
Aquella mañana el niño acompañaba a su
madre y a dos vecinas que subían a la catedral. Casi siempre escogían el
mismo camino, pero ese día decidieron dar un pequeño rodeo y subir por
las escaleras de la vieja estación del Vasco. Dichosa decisión. Tan
pronto como se enteró, el niño que tendría unos nueve años, arregló los
tirantes y se subió por encima de las rodillas aquellos pantalones que
parecían de su hermano mayor. Y empezó a correr. Se adelantó hasta donde
comenzaban las escaleras. Le parecían la mejor entrada que
Después de pararse un momento a identificar bien los olores, subió las escaleras en un santiamén. Arriba esperó impaciente a su madre y a las mujeres que las subían tan despacio. Cuando llegaron ,no les comentó nada de aquellas sensaciones que le habían estimulado a correr. Además, si quisiera explicárselo, lo jorobaría todo sin duda alguna. Al llegar a las cercanías de la confitería y ver los pasteles tan brillantes en el escaparate esperando, comprendió que debía disimular.
- Mamá, por favor, ¿me dejas que os espere aquí? - Me temo que no- dijo la vecina Nora-. Hoy es un día para hacer algún sacrificio. - Mamá, pero si yo voy a sufrir más aquí que escuchando la música y los cantos en la catedral- respondió sin pensárselo el niño. - Quédate, hijo. Pero no molestes a nadie, ni se te ocurra entrar ahí.
Había tenido mucha suerte. Podía estar cerca de ellos. Pasaría horas y horas allí sentado cerca de ellos y contando la gente que entraba. Hasta que una señora se paró ante él y le miró con ojos de lechuza y como si él estuviera haciendo algo malo. En aquel momento se sintió avergonzado. No lo entendía: si los enemigos del alma eran el demonio, el mundo y la carne, y no aquellos pasteles.
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ADOLESCENTES |
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Carlos acompañaría a su p rimo dLa amistad entre los dos primos estaba garantizada desde hacía ya unos años. E iban preparados a ayudarse y a compartir hasta confidencias que, sin duda, nunca sobrepasarían las fronteras del más sagrado secreto. Ya en el colegio, una tarde Chano, su primo, se ofreció a ir a confesar como propio el pecado que él no se atrevía a decirle al cura. –¿Qué tal? –le preguntó tan pronto como llegó de la iglesia. -Tranquilo. Sobre ruedas, todo solucionado –le respondió con la mayor tranquilidad. Y, en aquellos años, saturados también de envidias y enfados tan infantiles, como es de suponer, no había sin embargo ningún secreto entre ellos .Un domingo que caía la nieve, Carlos pensaba en otras cosas tras el cristal de la ventana. Pero también en que a su primo le castigarían por no ir a misa. Se sintió excitado, pero pronto fue capaz de mantenerse en su decisión. Y se lanzó como un rayo a llevarle sus botas . Ya podría así pasar la revista que hacían al calzado. Y cuando todos se fueron, se metió debajo de la cama. Los minutos se eternizaron. Nunca una hora se hizo tan larga. Y cuando quiso por la tarde contárselo a su primo, se dio cuenta de lo mucho que aún tenía que aprender de él. -Pasé toda la misa pensando en ti. Pero, de todos modos, esto no es motivo para que te expulsen,carajo- le respondió. Se marchaba con sus maletas pensando que nunca olvidaría aquel domingo en el que la nieve caía lenta y con tanta tristeza.Pero el exceso de la más triste oscura mañana puede llevarnos a la luz y claridad de la tarde. De ninguna de las maneras se podía imaginar aquello: Chano , con insólita serenidad y calma, lo esperaba sentado ya en el autobús.
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EXTRAÑA PRIMAVERA |
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Aquella
primavera todo resultó inesperado. Dos niños de la escuela pública habían
cogido el tifus, que así se decía entonces. Y a todos los
niños los mandaron para casa. Cundió la lógica alarma entre los vecinos. Y a Chano lo mandaron sus padres para con unos familiares en las montañas de
León. Allí pasó tres meses, para él una eternidad.
La tarde anterior había observado en el rostro de
Toñín una expresión como de víctima de algo que, sin embargo, no podía
descifrar. A pesar de que otro niño del pueblo con cierta malicia le
había hablado de Selmo, padre de Toñin y de Sito, el eterno pretendiente
de su madre soltera. Pero Chano de ninguna de las maneras podía entender
nada de aquellas cosas.
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VIEJO MOLINO |
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El viejo molino parecía abrir sus ojos tan sólo para contemplar batallas perdidas. Parecía demasiado viejo como para meterse en pequeñeces, y aún mucho más para entrometerse en aquellas cosas que nadie por entonces se atrevía a comentar. Y bien sabía que los que hablaban mucho ocultaban más. Atendía sólo a las pequeñas historias, como ésta, que le afectaban a su intimidad.Braulio, el vecino del pueblo a su orilla izquierda del río,tenía hábitos muy personales y, además, no le gustaba la idea de ser confundido. A los pocos meses de llegar de su largo servicio militar al pueblo, ya les había hablado de la manera de superar el temor a los mozos del pueblo a la otra orilla. Y a Rosina, la molinera y del pueblo de la orilla derecha , le contaba como en una noche de fiesta en el pueblo de más arriba había rajado a siete mozos. Y mientras le hablaba en el molino, Rosina lo miraba de reojo y le aconsejaba un poco de paciencia. Sin embargo, pronto la cameló. Se casaron. Y Rosina a su debido tiempo parió, pero sin darse cuenta. Esto llamó poderosamente la atención. Alguien por su pueblo comentó: “Tenía que haberle hecho por lo menos trillizos”. La gente de su nuevo pueblo también miraba asombrada al verle cargar con semejantes pacas de hierba. Algún vecino llegó a decir que tenía más fuerza que dos yuntas de bueyes. Pero, unos meses más tarde, llevaron a Braulio para el hospital.En la cama seguía pensando en el maíz aún sin recoger.Había trabajado en los últimos meses más que nunca. Hasta reventar. Pocos días después, un virus, desconocido para los médicos e ininteligible para él, con una rapidez de vértigo desprogramó toda su fuerza para siempre. A los pocos días,renegando del pueblo de enfrente, Rosina se encaminaba hacia el molino tanto meses cerrado. No lo hacía como si la vida comenzara de nuevo. Pero en el molino ya no se comentaron muchas cosas más. El viejo molino parecía llevar ya unos años muy confundido entre tantos murmullos y sombras. Y, como viendo que la razón no lo era todo, llegó hasta el punto de ya ni interesarle saber quiénes eran los buenos y los malos.
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VOLVERmpoco se aferra a los momentos