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La noche de la abuela |
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Se iba durmiendo el día en la mayor de las tristezas, aunque sin poder
caer en esa especie de rutina,
pues habíamos enterrado a la abuela tan
sólo hacía unas pocas horas. Aquella tristeza parecía multiplicarse. Y
solamente la carne que mamá estaba friendo aportaba un cierto
alivio. Pero no estábamos para fiestas. Después llegó Manín a darnos el
último pésame, y mamá me ordenó que a toda prisa escondiera la carne
que nos había traído la vecina
Nora. No esperábamos ya la visita de
nadie. Y, por otra parte, a todos nos parecía un pecado muy
gordo el estrenar la carne una noche como aquella.
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Tío Ricardo |
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El
vecino Ricardo vivía a un tiro de piedra de casa. Tan sólo de año en año le
oía hablar de temas religiosos. Pero un día me llamó poderosamente la
atención lo que le decía a su primo sacerdote. Y creo recordar con
exactitud sus palabras: “ Si te va a ser también el amor el que te
salve, ¿qué significado tiene esa tu vida sacrificada? ¿a quién puede
aprovechar?”.
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Concha |
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A
la vecina Concha siempre la veía malhumorada. Se hacía y deshacía
por sus tres jóvenes hijas. Como si tuviera que serles todo. E
intentaba hasta la extenuación, creo yo, que sus hijas fuesen algo.
Creo que
Concha terminó ,desgraciadamente, convencida de su propio valor cero
para los suyos. Pero sin ver que a sus tres hijas las había convertido
en tres ceros a su izquierda. Lo que ella no tenía, tampoco lo pudo
dar a los suyos.
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Mamá |
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Era única y excepcional en el barrio. Todavía hay personas en él que
la recuerdan como a una persona fuera de lo común. Para cualquier
celebración personal o familiar siempre había tenido un detalle
singular. Pero, tal vez por eso, la gente nunca encontraba la manera
de corresponderle. Y pienso que ello era debido a que mamá,
estaba convencida de la soberanía de lo singular y propio de cada uno.
Para unos pocos, aquellos detalles siempre eran muy baratos;pero para la mayoría
,la más
costosa comunicación.
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Adela |
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Adela era la
madre con más hijos en todo el contorno. Y la más pobre. Pero tenía
algo que nos falta a casi todos. Nunca, a lo largo de aquellos años,
la hemos visto de mal humor. Tenía una inteligencia natural. Y decía
cosas así: "Que las represiones ejercidas sobre mí, no me lleven a la
opresión de mis hijos". Era algo digno de verse.
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Maestra |
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Dolores,
que así se llamaba, nunca despertó admiración
alguna entre nosotros. Es verdad que se deshacía por todos nosotros;
sobre todo cuando surgía algún conflicto. Pero cuando surgían, eso sí,
acudía rápida a conocer de mano más segura lo que allí de cocía.
Entonces era el momento en el que nos desvelaba con claridad la
inseguridad de su personalidad. Parecía estar muy convencida de que lo
primero era atender el mensaje de su superior y luego el grito de los
alumnos.
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Joven cura |
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La
campaña de captación que ideó duró tan sólo trece días. El joven
sacerdote, tan infatigable como ingenuo, se puso a los pocos días de
llegar a la parroquia, a lanzar mensajes desde la megafonía que con
tanta rapidez había instalado en el campanario. Pero, para su
desánimo, tan sólo logró incrementar el malestar en su feligresía. En
el seminario no le habían dicho lo que ya hacía años sabía su viejo
sacristán: "La religión se transmite personalmente, o no se transmite
en absoluto". Pero en aquella parroquia el sacerdote terminó
aprendiendo muchas cosas.
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Sueño |
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Tan pronto como llegáramos a la carretera, el mundo se abriría de
izquierda a derecha para poder mirar al azul del cielo o a la
espléndida vega que dejábamos atrás. Desde lo alto lo veríamos todo
con mayor claridad. Aunque mamá se sintiera tan agotada, cosa que yo
podía comprobar sin tener que alargar mi cara hasta la suya. Había
llegado por fin el momento de decirnos tantas cosas.Pero justo al
final del camino, apareció un enorme socavón. Su visión me dejó
pasmado. Y, en aquel mismo instante, el sol de un cielo azul iluminó
la fosa en la que mamá llevaba varios años muerta.
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Teresa |
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Teresa corrió a cerrar la ventana. El murmullo de las hojas caía
atónito y extraviado. Y de ese modo la muerte había venido a colocarse
sobre aquel frío altar. El anciano sacerdote estaba acostumbrado a
todo y no se quedó perplejo al ver allí a Francisco, viejo novio de
Teresa, "Todos sabemos lo que has hecho por tu esposo Alfonso. Pero
hay que pensar que en esta vida todo llega". Pero Teresa no escuchaba.
El sacerdote continuó: "Que Francisco se vaya a repicar a muerte".
Teresa seguía como metida en una pared. Pero, al fin dijo: "No, por
favor. Que no suenen las campanas. Ya es demasiado tarde para todo".
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Un padre |
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Los alaridos de su nuera subieron de tono antes de marcharse a vivir a
Oviedo. Aunque ,la verdad, no me pareció muy sincera aquella puesta en
escena. El padre ya había hablado con su hijo para decirle que él se
quedaba en el pueblo. Y para aconsejarle lo mejor, como él repetiría
una y otra vez. Su nuera le dijo: "¿Es que quieres condenarte en este
infierno?. Y el padre le había contestado: " No se podrá condenar
quien vive ya en el infierno". Su infierno había sido el sufrimiento y
la muerte de su esposa. Y murió al mes siguiente. Y seguro para
hacerle la pregunta imperdonable que no le había dicho en vida:
"¿Me quieres?".
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Abuelo |
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Mi
compañero Pablo se parecía mucho a su abuelo. Éste demostraba con la
mayor facilidad el esqueleto de la estrategia de la farsa. Y,
siguiendo su ejemplo, Pablo todavía hoy busca esa luz posible a través
de las grietas que deja tanta palabrería. Así, como lo haría su abuelo
en otro tiempo, cuando oye hablar a ciertos políticos, se pregunta:
"¿Qué se estarán callando éstos?".
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Compañero |
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Creía que al
buen compañero Andrés , sentado siempre a mi lado en
la escuela, le resultaba muy difícil explicar los meandros de la
realidad. Yo tampoco lograba explicarme nada. Tampoco yo era ahora
capaz de oír el ruido de una mosca, después de escuchar
sorprendido, fuera, lo que le había dicho su madre:
- ¿Por qué siempre metes las narices en todas partes?
- ¿Qué?
- Tú siempre precisamente allí donde no debes.
- ¿Por qué me dices eso mamá?
- ¡No me hables así!
- Papá me ha mandado venir a buscarte,
- ¿Ah, si?
- No te miento.
- ¡Qué pelmas sois!¿Dónde está tu padre?
- Salió hace un momento.
- ¿Adónde?
- No lo sé.
- ¿No te estás pasando de listo?
Yo creía que si algo es inteligencia de algo, debería ser entendido
también por un niño. Si no, era mejor aquel silencio de Andrés que
duro toda la tarde. Pero para mí su silencio se volvió eterno. Y si le
mirase en aquel momento a los ojos, tendría que dejarme mirar por los
suyos.
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Árboles |
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Nada más llegar al pueblo ya estoy viendo los seis árboles frutales
plantados en el huerto frente a la puerta de la casa. El manzano más
viejo era el de mamá, el peral era el de papá, el mío y el de mi
hermana eran cerezos, y otro manzano y el naranjo eran de mis otros
dos hermanos. Cada uno de nosotros cuidaba el suyo. Todos tenían un
nombre: Dionisio, Visitación, Víctor, Ceferino, Rogelio y Tere.
A todos los apreciábamos mucho. Y hasta llegaron a ser la envidia de
muchos vecinos.
Hoy, al llegarme hasta la casa, la mujer que allí vive me dice con
cierta indiferencia: "Los recuerdo, estaban allí donde ese gallinero.
Ya hace años que tuvimos que talarlos". Y una ráfaga
de viento viene como a tragárselo todo, pero creo
que no puede. Pues el viento nunca arrastra lo que ignora.
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Con lazos |
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En la escuela celebraban aquella tarde no sabía bien qué fiesta. Como
mamá estaba en el hospital, lo pensé bien e hice las coletas a mi
hermanita de cinco años. Pero como no tenía unos lazos para ponerle,
me quité los cordones de las botas y con ellos adorné sus
coletas . La veía muy hermosa de esa manera peinada. Y corrimos muy
contentos hacia la escuela.
Pero más a prisa nos volvimos para casa. En absoluto nos había gustado
la risa con la que los niños nos habían recibido. Y, nada más meternos
en casa, comenzó a diluviar fuera.
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La Cuca |
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Me di cuenta rápidamente
de que la Cuca intuía algo. Llevaba unos días temiendo de que algo
malo iban a hacer con ella. Algo que, a su parecer, no era justo.
Nunca en el pueblo habían conocido una vaca así. Le bastaron tres años
para levantar la casa con tres crías y un montón de leche diaria. La
Cuca realmente se sentía alarmada ,pero también interesada por tenerme
bien informado. En sus grandes ojos soñadores se acrecentaba un
atemorizado presagio. Hasta llegaba a pensar que papá se había vuelto
loco al pensar venderla. No me extrañaba nada de que desde entonces se
negara a darnos más leche y a no volvernos a mirar a la cara.
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Salón de baile |
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El viejo salón de baile de Vega de Anzo, años ya cerrado, sigue
transpirando por entre sus rejas ese único olor a menta de tantas
parejas que este domingo también allí bailan. Y, tras esas rejas,
somatizo el incesante movimiento de aquellos mismos sentimientos. Y en
el fogonazo de mis ojos vuelvo a deslumbrar a miles de Ritas Hayworth.
El viejo cura me decía que eran fantasías mías tan enormes como la
maleta tras la cual encendía su rostro la Gilda en la envoltura de los
caramelos de menta. "Ahí no se ve nada malo", me decía. Pero yo seguía
pensando que sí lo veía todo.
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Amor de verdad |
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Ángel
y Marta tuvieron que pasar muchos meses
esperando a que sus padres admitiesen su
noviazgo. Buscaron una y otra forma de decírselo, pero no tuvieron
ninguna suerte. Y sus corazones tan enamorados se volvieron por cierto
tiempo un tanto desesperados. Menos mal que al fin se les ocurrió marcharse
de casa y dejarlo todo. Y la verdad es que renunciar a todo por amor fue una
nimiedad para ellos que tanto se amaban.
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Dios ya no volvió a
sentarse bajo la higuera |
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A
Julio no le iban bien las cosas en su propia casa. Y todos lo
sabíamos, como sabíamos que se iba a desahogar con Ricardo todas las
tardes. Pero no sabíamos si era Ricardo o la sombra de la higuera la
que le hacía respirar tan tranquilamente por un momento. Y lo hizo así durante
bastante tiempo, hasta que, según dijeron las buenas personas, una
tarde Julio se pusiera a hablar de la pasividad de Dios allá en los
cielos y Ricardo le contestara: " Déjate de buscar a Dios allá
en la altura de los cielos y búscalo en tu casa". Desde aquella
tarde Julio no volvió a pasar más tardes con Ricardo ni tampoco se le
vio más bajo aquella hermosa higuera.
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Con un libro |
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Veía
siempre a mi padre con un libro en sus manos. Y muchas noches, después de cenar, nos leía
una versión para niños de El Quijote. Aún recuerdo el sitio donde
dejaba el libro tras la lectura. Él lo pasaba mejor que
nosotros. Parecía estar viviendo todo lo que nos leía. Pasaron
los años. Hoy, al irme al Centro Asturiano, en la calle Fuencarral, un
desconocido me dijo: " ¡Usted hoy
no lleva libro!". Quedé sorprendido en un primer momento.Pero pronto me di
cuenta de que mi padre bien se merecía aún este sorprendente halago.
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Ana |
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Ana
siempre había querido ser diferente. Pienso que no
le gustaba ser como era. Aunque, por otra parte, nunca logré
averiguar si lo que quería era tener otras cualidades o,
más bien, haber hecho cosas diferentes o haber llevado
simplemente otra vida. Yo era aún niño y no podía entender muy bien lo
que me quería decir aquella anciana.
Aquella tarde contemplaba desde su ventana a toda la gente del
pueblo que se divertía el día de su fiesta. Y de pronto, según
me dijo días más tarde, cayó en la cuenta por primera vez en su vida
de que se sentía diferente, de que era diferente. Dejó la ventana en
ese momento y continuó la lectura de La Regenta.Y
curiosamente encontró esa paz interior para ella tan desconocida.
Hasta Ana Ozores, aquella tarde, cayó en la cuenta de que
para la pobreza de nuestro yo, para el vacío del miedo a vivir, no hay
más respuesta que la que viene del corazón. |
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Qué lío |
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-Oye,tú,listo, que te lo sabes todo. ¿Cómo será Dios?, ¿cómo es?
- Toma, tonta. ¡Algo
parecido a papá!
- No, eso sí que no.
Ya me gustaría, pero a mí me parece que no. Papá fuma, y a los que
fuman no les dejan entrar en la iglesia.
- ¡Tengo una hermanita
tonta! ¡Qué tendrá que ver lo uno con lo otro!
- ¿Tú crees que te estoy preguntando
tontadas?
- No sé, bueno. Déjalo. Tal vez
se parezca a mamá.
- ¡Claro que no! ¡Va Dios
a pintarse los labios!
- Pues déjalo.
- ¿Es que tú nunca te lo
preguntas?
- Ya vale, hermanita. ¡ Qué
pesada! ¿Y por qué después, por la noche, cuando vayas a rezar no se
lo preguntas a la abuela ,o al abuelo muerto?
- La verdad es que debe
ser muy grande, y el abuelo sólo podrá ver un poquitín. ¿No crees?
- Pero algo más que nosotros.
- ¡Ya está el tonto...!
- ¡Pero no sigas! Seguro de que se
está riendo de los líos que te montas.
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