Recuerdos
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La palabra es el resumen de todos
los sentidos, |
| La noche | Concha | Mamá | Adela | Maestra | Joven cura | Sueño |
| Teresa | Un padre | Abuelo | Compañero | Árboles | Con lazos | |
| Salón d baile | Amor verdad | Dios n estaba | Con un libro | Ana | Qué lío |
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Atormentados |
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Siempre me les encontraba paseando por lugares no frecuentados, como viviendo sin los demás, o como atemorizados, encogidos, tristes. O como para pensar que no querían encontrarse con nadie. La última vez que los había visto me había llamado poderosamente la atención el ver cómo la pequeña se esforzaba para que la brisa no levantara ni sus faldas ni las de su mamá. Y siempre lo mismo. Nunca pude comprender el significado de aquellos extraños ,sigilosos y solitarios paseos. Pero nunca hubiera pensado contar estas cosas si no fuera porque pronto mi vecino se paró frente a mí y , al hablarme de esta familia, me soltó una retahíla de lamentos. El marido y padre, que era tenido por un muy buen trabajador aunque a primera vista me pareciera un poco pusilánime, murió inesperadamente, en tres días. Y la mujer, que había pasado casi los seis últimos años en el hospital, se fue tras él en pocas semanas. A la hija, que por entonces tenía unos catorce años, la atendieron en el hospital psiquiátrico . Pero lo que padecía era algo más que un trauma. Unos cuantos años después seguía interna allí. Una enfermera me abrió aún más los ojos: aquella joven aún no podía con el recuerdo de su padre ni con su violación.
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El tren Vasco-asturiano |
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En la estación de San Esteban queda un joven parado en el andén y mira cómo el tren se aleja. Sin embargo, ya sentado en el último vagón y en dirección a Oviedo, levanto la cabeza y vislumbro en un fogonazo a mi primer casi adolescente compañero de trabajo. No lo he visto desde hace casi veinte años. Quieto, tranquilo, escuchando su aquella música de antes. Lo reconocí al momento. Pienso que él no a mí. Sin embargo, su silencio se convierte pronto en sigilosa comunicación. Nunca hemos perdido el tiempo escuchando a los que pasaban la vida explicando lo que se debe hacer. También él daba demasiadas vueltas a la cabeza, sin caer en la cuenta de que el silencio es lo más difícil de transitar. Sólo en años de crisis este tren nos pareció muy estrecho. Pero aquellos sentimientos han mudado y de nada nos sirve recordar esto ahora. La verdad es que aquel tren, arrastrado por aquella vieja máquina de vapor, era el más humano y ordenado maestro. Es una verdadera pena que muchas de sus lecciones hayan ido a parar a la chatarra. Lo perdido es irrecuperable, es verdad. Pero quiero mantener la idea de que, a pesar de su muerte, en él aún sobreviven. No quisiera que su silencio se eternizara.
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EL final del río Nalón |
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El río Nalón, bruñido y crepuscular espejo, se vuelve al final aún más hermoso, cuando ensancha su sonrisa para percibir la voz susurrante del mar que viene a confirmar la proximidad de su destino final. Sigue absorbido en la contemplación, sin recurrir a la resignación, sin intranquilidad alguna. Como queriendo dejar todo lo que va quedando atrás en paz, para que ninguna de las sensaciones tenidas a lo largo de su recorrido se vuelvan heridas que humillen la sensibilidad de nadie. Sus aguas avanzan ahora aún más silenciosamente. Su fantasmagoría no representa ningún inquietante sueño, ni su aliento viene a cambiar nada. Sin precisar medida, llega puntual a la cita."Los poemas tienen siempre grandes márgenes de silencio", escribía Eluard. ¿Y cómo no sentirlo mirando este final del río Nalón?
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Tolín |
A Tolín lo licenciaron en el 67 y llegó a su pueblo cantando isas, sin darse cuente de que había hecho el Servicio Militar en Baleares y no en Canarias. En Mallorca había conocido a una joven rica cuyos caballos había cuidado durante los permisos. Pasaron unos meses y Tolín mantenía aquel deje adquirido en las islas; y en su pueblo, que desconocía por completo esa cuestión de las lenguas extrañas, comenzaron a llamarle El Argentino, que les resultaba ser más familiar. Y en un par de meses más, terminó casándose con Teresa, no muy hermosa, pero con la que tenía muchas cosas en común. Tolín se sintió pronto hasta capaz de liberar a su esposa de aquella esclavitud a los recuerdos de un pasado familiar más holgado. Pero no se daba cuenta de que los buenos tiempos nunca vuelven. Así que pronto su suegra se interpuso. No le permitió meter las narices en esos asuntos de familia, y le mandó a dormir al viejo caserón. Obedeció al instante. Y tan pronto como cerró por dentro la puerta, corrió a sacar la botella de coñac escondida en el baúl. Y ante el espejo bebió como si volviera a Mallorca. Y murió como era, sin enterarse.
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